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El consumo de plantas medicinales aumenta en los paises industrializados PDF Imprimir E-mail
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Artículos - Plantas medicinales
Escrito por Marzio Pedretti   
Lunes, 26 de Mayo de 2008 16:15

Las múltiples actividades económicas del hombre tienen, el efecto desagradable de modificar, acaso de un modo irreversible, los eternos equilibrios de la biosfera, es decir, del macrocosmos.

Las grandes catástrofes ecológicas de estos últimos años no son más que la parte visible de un iceberg de grandes dimensiones. Pero, de un modo paralelo, se producen cambios profundos en el equilibrio interior de aquel microcosmos llamado hombre.

A ello contribuye la contaminación ambiental, una alimentación de alto contenido tecnológico y por ello empobrecida, el estrés de la vida cotidiana, unido a las exigencias de la moderna sociedad industrial, por encima de las de sus personajes humanos.

De este modo, el hombre, cuando la enfermedad se manifiesta clínicamente, puede restablecer el equilibrio perdido con sustancias producidas artificialmente, desconocidas en la naturaleza, extrañas a la química de la vida, en cuanto no están identificadas como tales en la memoria biológica del hombre.

Afortunadamente, al margen de esta praxis existe otra; es la que conduce a algunas personas a investigar en los remedios vegetales el camino para recuperar la salud. Este aspecto considera la indudable certeza de que existe un lazo indisoluble entre el hombre y su ambiente, un ciclo biológico total que comprende el binomio hombre-naturaleza y fuera del cual el hombre está fatalmente destinado a ver roto su equilibrio interno, con consecuencias nefastas para la propia salud.

Las estadísticas revelan que el consumo de plantas medicinales está en aumento en casi todos los países industrializados. ¿Qué significado se puede atribuir a este dato? ¿Un simple fenómeno de moda, sabiamente orquestado por la industria? ¿o un retorno a la naturaleza sentimental e incomprendido en sus profundos significados? Numerosos indicios nos orientan hacia una tercera hipótesis.

Es evidente que la tecnología empuja a los límites extremos. La mortificación del hombre, el uso indiscriminado de substancias químicas extrañas al metabolismo del mismo, y la degradación del ambiente ecológico no pueden dejar de producir graves repercusiones sobre la salud.

La sociedad tecnológica había elaborado modelos en los que presentaba a la ciencia y a la tecnología como los medios que habrían conducido a la humanidad hacia el camino de la felicidad y del bienestar material, físico y espiritual.

Actualmente, este paradigma muestra sus límites. Un signo es la falta de consenso ante el uso de la técnica y de la ciencia que, en lugar de aparecer como factores de mejora del hombre, aparecen ahora como los instrumentos de su destrucción, por parte de un amplio movimiento defensor de una nueva relación con la naturaleza. Los postulados teóricos de esta corriente son claros y simples: la naturaleza no se deja violentar impunemente; su ritmo, que se desarrolla a través de las estaciones y de los años, no se puede acelerar, forzar o retrasar a voluntad del hombre, y cada ataque que esté realiza contra las leyes de la naturaleza se vuelve fatalmente contra él mismo. Al mismo tiempo, se advierte la necesidad de revalorizar el sano empirismo de nuestros padres, para reinsertarlo en el edificio de la ciencia moderna.

La recuperación de la tradición no sólo debe ser sostenida por la confianza en el pasado, sino más bien por la razón y el conocimiento de que constituye un tesoro que todavía no ha sido descubierto, y, sólo algunas veces entrevisto, se oculta en los miles de años de historia humana que llevamos tras nosotros.


Caprara julio 1983

 

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