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El túnel de la catástrofe social


Artículos - General
Miércoles, 18 de Junio de 2008 17:53
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Según la FAO, diez corporaciones trasnacionales controlan actualmente el 80% del comercio mundial de los alimentos básicos, y similar número de mega empresas controlan el mercado internacional del petróleo, de cuyo impulso especulativo se nutre el proceso inflacionario causal de la hambruna que ya se extiende por todo el planeta.

Entre los primeros pulpos que controlan los mercados energéticos (y consecuentemente fijan los precios del petróleo) a escala global , se encuentran los gigantes British Petroleum (BP), Exxon Mobil, Chevron-Texaco, y Royal Dutch Shell.

Entre los primeros pulpos trasnacionales de la alimentación, se encuentran la empresa suiza Nestlé SA., la francesa Groupe Danone SA. y la Monsanto Co., que lideran mundialmente la comercialización de alimentos y que, además de controlar la comercialización y las fuentes de producción, poseen todos los derechos a escala global sobre semillas e insumos agrícolas.

Estas trasnacionales, que hegemonizan su rubro a escala mundial, son las principales beneficiarias del aumento del precio y de la demanda global de petróleo, alimentos y granos en momentos en los que los suministros apenas satisfacen la demanda. Detrás de este fabuloso negocio con los recursos esenciales para la supervivencia humana, se encuentran los principales bancos y grupos financieras de Wall Street, que juegan un rol determinante en la especulación en los mercados energéticos y de materias primas que impulsan la actual escalada de los precios.

De esta manera, los pulpos petroleros y alimentarios, tercerizados por la especulación financiera, fijan las reglas de juego y el funcionamiento de los mercados de la energía y el petróleo, que, junto con el agua (también controlada por la trasnacionales) conforman los recursos esenciales para la supervivencia de la humanidad.

En consecuencia, la subida de precios es el producto del comercio capitalista monopólico y de la acción especulativa en los principales mercados de materias primas, entre cuyas herramientas financieras se encuentra el ICE [Intercontinental Exchange] de Londres y las bolsas mercantiles de Nueva York y Chicago.

Según analistas especializados de Wall Street, un 60% del precio del petróleo crudo (hoy cotizado en US$ 135) tiene como causal a la especulación en futuros no regulada de fondos precisamente autodenominados "especulativos", bancos y grupos financieros que utilizan las bolsas de futuros ICE de Londres y NYMEX de Nueva York y el comercio inter-bancos.

En este tercer frente del negocio agro-energético (productor directo de la hambruna y la inflación mundial) se encuentran en primera línea Goldman Sach y Morgan Stanley, súper-gigantes de la especulación financiera en alta escala del capitalismo trasnacional sionista con asiento en Wall Street.

En este escenario, los precios no se fijan solo por la demanda del consumo, sino básicamente por las necesidades comerciales y la demanda especulativa en los mercados financieros agro-energéticos.

De manera tal, que cuando los analistas le echan exclusivamente la culpa del alza de los precios a la reducción de la producción y de la oferta están escondiendo la especulación financiera como principal causal de la escalada alimentaria y petrolera.

Este falso presupuesto (achacar la llamada "crisis alimentaria" a la falta de producción) esconde a su vez las maniobras capitalistas de reducción de costos y maximización de ganancias que las corporaciones multinacionales aplican sobre los mercados para vender menos y ganar más.

En consecuencia, el proceso del alza de los precios y la especulación financiera con el petróleo y los alimentos causan inflación mundial y hambruna generalizada en los países más pobres de la tierra, y sobrepasan las capacidades de los gobiernos que dejan el control de sus recursos esenciales en manos de las corporaciones multinacionales.

Dentro del modelo de economía globalizada de enclave, las corporaciones petroleras, alimentarias y del agua, controlan (a través de la privatización de la actividad económica) todo el proceso de extracción, producción y comercialización local e internacional .

En resumen, controlados por las corporaciones trasnacionales, y despojados de su condición de "bien social", el petróleo y los alimentos se convierten en mercancía capitalista con un valor fijado por la especulación en el mercado, convirtiéndose en la causa principal de las hambrunas y conflictos sociales que ya empiezan a desarrollarse por todo el planeta.

Los recursos esenciales en manos privadas

En la década del 90, la era del libre-mercado, se destruyeron los Estados nacionales y se privatizó la comercialización de sus recursos esenciales a favor de los grupos trasnacionales superconcentrados que se apoderaron del control de las estructuras económica productivas y del comercio exterior de los Estados que quedaron despojados de su poder de gerenciación sobre los mismos.

Al sacarlos de la órbita del control estatal, esos recursos quedaron supeditados a la lógica de rentabilidad capitalista de un puñado de corporaciones trasnacionales (con capacidad informática, financiera y tecnológica) que los controlan a nivel global, y con protección militar-nuclear de EEUU y las superpotencias.

Gracias a las legislaciones de "apertura económica", "libre mercado" y "privatizaciones" impulsadas en la década del noventa por Washington (y gerenciadas por políticos entreguistas elegidos en las urnas), en los países dependientes ya no existen controles estatales, ni leyes financieras ni legislaciones laborales que pongan barreras a la depredación del capitalismo "sin fronteras" de los bancos y corporaciones transnacionales, que han pasado a controlar el sistema económico-productivo y los recursos naturales de esos países a escala mundial.

La pertenencia "territorial" de estas corporaciones al Estado norteamericano (donde generalmente se encuentran sus casas matrices) les permite, protegidas por el poder militar del Imperio, operar con total impunidad en sus gerencias de enclave extendidas a través de todo el mundo dependiente.

De esta manera, la comercialización internacional de los recursos esenciales para la supervivencia ya no se hace atendiendo a las necesidades de las comunidades desde donde se extraen, sino atendiendo a la lógica de la rentabilidad capitalista de las corporaciones que los controlan. Los niveles de producción ya no se realizan atendiendo a las necesidades humanas de la población, sino atendiendo a las necesidades del mercado y de la ganancia capitalista.

Despojados de su condición de "bien social" de supervivencia, esos recursos se convierten en mercancía capitalista con un valor fijado por la especulación en el mercado, y los precios no se fijan solo por la demanda del consumo masivo, sino básicamente por la demanda especulativa en los mercados financieros y agro-energéticos.

Y los gobiernos, al no tener poder de gerenciación sobre sus recursos agroenergéticos se convierten en títeres de las corporaciones que los controlan y que se apoderan de la renta del producido por el trabajo social de esos países.

Y como el capitalismo trasnacional (las corporaciones que controlan el petróleo y los alimentos) solo produce para quien está en capacidad de comprar esos productos, la falta de poder adquisitivo de las mayorías empobrecidas del planeta, lleva su vez a que las corporaciones reduzcan la producción para achicar costos y preservar la rentabilidad vendiendo menos pero más caro.

Por lo tanto, la baja en la producción de alimentos y petróleo no es un fenómeno de la "crisis", sino de un emergente de la búsqueda de rentabilidad capitalista con achicamiento de la oferta de productos.

Se reduce la producción de alimentos y de petróleo (con lo cual se encarece su precio por falta de oferta) para ganar más reduciendo costos de producción, cerrando de esta manera el circuito de la rentabilidad capitalista que guía a los consorcios que controlan las fuentes de producción y de comercialización de esos productos esenciales para la supervivencia humana.

La lógica de la rentabilidad capitalista

El mundo atraviesa por una sobremanda de alimentos y de petróleo que, a su vez, reproduce la rentabilidad de los grupos que hegemonizan el poder sobre la producción y comercialización, y sobre los mercados de la especulación financiera de las materias primas.

De esta manera, a los pulpos petroleros y alimentarios no les interesa producir más, sino ganar más produciendo lo mismo con baja de costos de personal e infraestructura.

Y por más apelaciones que hagan las instituciones "asistencialistas" del sistema capitalista como la ONU y la FAO (que suceden a la caridad religiosa) las corporaciones capitalistas transnacionales establecen su dinámica productiva a partir de la relación costo-beneficio.

Esto es, y atendiendo a la lógica esencial que guía el desarrollo histórico del capitalismo, solo producen atendiendo a la ley de la rentabilidad, a la ley del beneficio privado, y no atendiendo a la lógica del beneficio social.

Por lo tanto, no hay "crisis alimentaria" (como sostienen la FAO, la ONU, el Banco Mundial, y las organizaciones del capitalismo como el G-8) sino un incremento de la hambruna mundial por la especulación financiera y la búsqueda de rentabilidad capitalista con el precio del petróleo y los alimentos.

El control de las fuentes, de la producción, de la comercialización internacional y de la masa de recursos financieros emergentes por las corporaciones trasnacionales, tornan impotentes a los gobiernos dependientes (sin poder de gerenciación sobre esos recursos) para resolver los problemas de la hambruna que aquejan a sus pueblos.

Por otra parte, los fondos que destinan la ONU, el Banco Mundial y demás organizaciones del capitalismo trasnacional, son mendrugos comparados con la ganancias multimillonarias de los pulpos petroleros y de la alimentación y el crecimiento de las fortunas personales de sus directivos y accionistas.

La última cumbre de la FAO, en Roma, sobre la crisis alimentaria mundial, con la presencia de 50 Jefes de Estado y de Gobierno, se cerró el jueves 5 de junio sin que se produjera ningún acuerdo para instrumentar una solución global.

Una de las propuestas principales de la cumbre consistió en tratar de consensuar la prohibición de producir biocombustible al costo de sacrificar la producción mundial de alimentos.

También se propuso retirar los alimentos de la órbita de la especulación bursátil e impulsar una negociación directa del país productor con el país consumidor.

Ambas propuestas dejaban a las corporaciones trasnacionales fuera de juego, y por lo tanto, EEUU y la Unión Europea resolvieron boicotear y hacer fracasar la cumbre de la FAO sobre la crisis alimentaria mundial.

Los expertos son claros: No puede haber solución de la hambruna mundial ni detención de las causas que la generan (la subida del petróleo y los alimentos) si no se les quita a las corporaciones trasnacionales el control de las fuentes de producción y comercialización de esos recursos.

Y quien trate de quitarles el control de los recursos esenciales, antes deberá derrotar al poder militar nuclear de EEUU y de las potencias aliadas de la Unión Europea, gendarmes y reaseguros políticos de las corporaciones capitalistas que han convertido el planeta en una economía de enclave al servicio de la rentabilidad privada.

 


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