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El arquitecto navarro Iñaki Urkia sueña con un planeta en el que se utilicen materiales que respeten el medio ambiente.
Una casa construida con balas de paja dispone de todas las garantías de habitabilidad de las convencionales pero, además, los materiales resultan infinitamente más baratos y no dañan el entorno, sostiene este especialista en bioconstrucción. Asegura que el proceso de edificación es rapidísimo: la estructura se levanta en apenas dos semanas.
Y lo más sorprendente: “pueden llegar a durar un siglo, el doble de vida media que algunos técnicos atribuyen a bloques presumiblemente más sólidos. Que no nos engañen. Una vivienda de hormigón armado necesita a los 50 años una reforma en su estructura que resulta costosísima. Pero una de pacas de paja, a pesar de que el material es en apariencia tan frágil, puede preservarse durante 100 años sin problemas”, cuenta este experto, de 45 años.
Iñaki ha diseñado el proyecto y ha dirigido la construcción de dos casas levantadas con fardos en Alicante y en la zona navarra de Tierra Estella, además de una docena de pequeñas cabañas en aldeas de la Comunidad Foral.
Pero las suyas no son las únicas. El propio pabellón de las ONG de la Expo de Zaragoza 2008 ha sido edificado a base de balas de paja y madera, siguiendo un diseño del arquitecto madrileño Ricardo Higueras, en el que ha colaborado Iñaki Urkia. Y este especialista navarro detalla que en países como Alemania, Francia y Estados Unidos, entre otros, esta tipología está mucho más implantada que en España.
“La técnica de edificaciones es sencilla, asequible y ecológica”, Iñaki detalla que la técnica de edificación es muy sencilla. Los fardos, de un metro de largo y unos 30 kilos de peso, se van fijando con estacas verticales y se acaban de unir con un zuncho perimentral. El tejado suele ser también de madera, bien a dos aguas o liso, para que la vegetación crezca en la cubierta. La paja nunca queda a la vista.
Una vez levantada la estructura, las paredes se cubren con revocos de materiales nobles como la tierra del lugar, el yeso o el estiércol de vaca. “Es curiosos que la construcción con pacas de paja interese siempre a las mujeres, cuya presencia no resulta tan habitual en las obras de hormigón. Es quizás porque las mujeres tienen una sensibilidad especial con la tierra” destaca este autor de tres libros sobre energías renovables.
Iñaki se enorgullece de que estas edificaciones no causen ningún daño al medio ambiente, porque no obligan a erosionar el terreno ni utilizar materiales nocivos. Pero además resalta que protegen el entorno, porque la paja y la madera son recursos vivos que absorben el CO2. Otra de las particularidades de estas construcciones es su notable resistencia al fuego. “Desde que se declara un incendio hasta que las llamas penetran en la paja, transcurre una media de 90 minutos”. También el precio resulta un aliciente porque los materiales son más económicos y asequibles.
Iñaki cuenta que existe un movimiento a nivel internacional que reivindica la vuelta a una vida en pequeños alojamientos sin las comodidades que ofrece la vida moderna, pero de una forma más cercana a la tierra. Para estas gentes ha construido una docena de cabañas de paja, de entre ocho y veinte metros cuadrados, en diferentes municipios navarros.
Desde que inició su carrera como arquitecto, ha apostado por el uso de materiales nobles como la lana de oveja que aisla la cubierta de su casa actual una vivienda de piedra que restauró.
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